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La Habana, 20 de febrero. Cuba confirmó que un producto elaborado a partir del veneno de un alacrán endémico de la isla mejora la calidad de vida de los pacientes de cáncer, inclusive en casos avanzados, por sus efectos analgésicos y antinflamatorios, informó a La Jornada uno de los responsables de la investigación.

El equipo científico seguirá estudiando el producto para verificar si, además, tiene propiedades antitumorales, dijo Jorge Luis Maestre, especialista en microbiología con doctorado en ciencias médicas, profesor de la Universidad de La Habana y jefe de los laboratorios de biología molecular de bacterias del Instituto Pedro Kouri (IPK) de Enfermedades Tropicales.

Aunque sólo está comprobado el efecto analgésico y antinflamatorio del medicamento, "las investigaciones hechas hasta ahora para demostrar la actividad antitumoral, es decir, anticancerígena, estimulan a continuar a estadios superiores", apuntó Maestre.
"Es una esperanza para los pacientes con cáncer, pero científicamente todavía hay que avanzar para comprobarlo."

El alacrán colorado .
La ruta que ha llevado a esos hallazgos se inició espontánea y empíricamente en la oriental provincia de Guantánamo hace unos 20 años y ha desembocado en un proyecto científico nacional, encabezado por la empresa farmacéutica Labiofam.
La fuente del esfuerzo es el Rhopalorus junceus, especie de escorpión que habita en todo el territorio cubano y que es conocido popularmente en las zonas rurales como "alacrán colorado", por su coloración rojiza oscura.

La Oficina Cubana de Propiedad Industrial (OCPI) concedió a Labiofam en 2004 los derechos de explotación de la patente asociada al veneno de ese animal. La empresa coordina la investigación, en la que participan los ministerios de Salud Pública y Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente; la Universidad de La Habana, el Instituto de Oncología y Radiobiología y el IPK.

Este año "deben producirse avances significativos en la investigación de la actividad antitumoral", explicó Maestre.
En estudios toxicológicos quedó demostrado que el producto, ahora conocido como "escozul", no tiene reacciones adversas. Será registrado en los próximos meses con otro nombre, como un medicamento natural.

El reconocimiento oficial llegará en un momento en el que la fama del veneno de ese alacrán se ha expandido en América Latina y Europa.
Cientos de personas viajan a Cuba en busca del medicamento, atraídas por recomendaciones personales que se reproducen de boca en boca, por correo electrónico y en Internet.

Los hallazgos de los años 80 dieron lugar a la preparación y difusión del producto sin control científico, pero con resultados que parecían anunciar sus potencialidades.

Maestre subrayó que la experiencia de esa época ha sido reconocida, hasta el punto de que algunos de los investigadores pioneros de Guantánamo están incorporados al proyecto nacional.
Pero el boom del producto en la década pasada dio lugar a la irrupción y crecimiento de criaderos del animal y la fabricación artesanal de la solución, en una práctica que atenta contra la sobrevivencia del escorpión y sin el rigor científico necesario, señaló el especialista.
El Estado cubano no ha decidido cerrar esos centros particulares "por consideraciones éticas, porque se trata de algo que ofrece posibilidad o esperanza de vida a personas con cáncer", añadió.
La tradición oral en torno de la fórmula ha propiciado hasta deformaciones de su empleo real: hay gente que se come el animal o lo enjuaga y bebe de esa agua, recordó el investigador.

"Hay mucha gente que trabaja el veneno con buenas intenciones, pero que no tiene los instrumentos ni las herramientas para certificarlo y lo que está ofreciendo a las personas que confían en eso no es ningún producto que tenga los componentes necesarios."
En algunos casos, dijo Jorge Luis Maestre, el producto se emplea en forma especulativa, para ganar dinero, a veces "abusando de la necesidad que tiene un paciente con cáncer de recibir un tratamiento".
El producto de Labiofam
Subrayó que sólo Labiofam fabrica en Cuba una solución certificada, tanto para la investigación como para la entrega gratuita a personas que aceptan tomarla bajo seguimiento médico.


El producto se basa en una dosis diluida del veneno. Toda la cadena de investigación y de producción tiene un riguroso control de calidad, "que permiten decir que los resultados son confiables".

Desde hace unos dos años el IPK se ha concentrado en la caracterización molecular del veneno del Rhopalorus junceus, en la evaluación de su actividad antiproliferativa y en el estudio de su acción antitumoral en animales, dijo el científico cubano.
También certifica el veneno que utiliza Labiofam en la factura de la solución, el cual procede y que procede de alacranes concentrados en 15 criaderos que mantiene la empresa, "con un basamento estrictamente científico".

Esta investigación no es la única en el mundo sobre capacidades terapéuticas de una toxina animal, indicó Maestre. Hay estudios sobre venenos de serpientes en Estados Unidos y sobre otros escorpiones en Brasil. Publicaciones chinas y japonesas registran evaluaciones de animales ponzoñosos con distintos fines.

Líneas celulares y ratones
Uno de los objetivos del trabajo en el IPK es el análisis del producto en líneas celulares in vitro y en ratones, para determinar si se produce o no actividad antiproliferativa, es decir, de impacto directo en el tumor cancerígeno.

Maestre explicó: "Una línea celular no es más que las células que forman parte de los tumores. Usted las cultiva in vitro y ellas están ahí, produciéndose de forma separada. Eso no es un tumor. Un tumor es lo que ocurre en vivo y además de la línea celular tiene tejido del huésped, tiene células que provocan esa inflamación y que lo engloban; tiene sangre, eritrocitos e interacciones hormonales con el huésped; hay influencias de los tejidos que forman la parte externa del tumor..."

El equipo ha investigado el producto en líneas celulares de tumores de mama, de laringe y de útero, cultivadas en laboratorio.
El resultado: "Hay una demostrada actividad antiproliferativa in vitro en líneas celulares, bien documentada".

También se han realizado experimentos con tumores, principalmente de mama, insertados en ratones.
Se controla a los animales en dos grupos: uno con la aplicación de la toxina del alacrán y otro sin ella.
En los ratones tratados "hay disminución de los tumores. En algunos casos se han reducido extraordinariamente. Hay otros parámetros que se evalúan y que permiten decir que hay actividad antitumoral en animales.
"Al ratón que se trata se le mide la vida. Los ratones no tratados se mueren a los 120 días. Los que se tratan duran mucho más. Tenemos sobrevivencia de 350, de 360 días.

"Los tumores también se miden. Eso es una bolita que se le produce al ratón en la pared abdominal, porque se le introduce en la cavidad peritoneal. Usted lo mide con un pie de rey y saca el promedio de radio de los tumores tratados y de los no tratados y usted va a ver que el promedio en uno es muy pequeño y en otro es muy grande."
Después de estos hallazgos, la siguiente meta del proyecto es el ensayo clínico en personas voluntarias.

El principio activo
Otra zona del actual trabajo del IPK en este proyecto es la búsqueda del principio activo: la definición de cuáles de los componentes del veneno serían los causantes de la actividad terapéutica.

Maestre ilustró así el procedimiento: "Usted dice que, por ejemplo, la proteína tal, que la identificará con un nombre, es el principio activo que tiene la actividad antitumoral. Tiene que describir la estructura de la proteína, tiene que decir cuáles son las vías de asimilación de esa proteína, cuáles son las vías de expresión, cuál es el receptor dentro de la célula tumoral; cómo es que se produce el efecto de inhibición del tumor, cuál es el blanco que desencadena ese efecto. Hay que describirla a nivel molecular, el proceso completo".

La importancia de llegar al principio activo, dijo el investigador, es que puede llevarse a un sistema industrial para su producción en un laboratorio de biotecnología, con lo cual ya no habría dependencia del escorpión y la especie resultaría beneficiada.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2006/02/21/a02n1cie.php


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